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lunes, 15 de octubre de 2007 |
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Por: Lic. Raúl Flores Viteri
Después de una penosa enfermedad, a fines del pasado mes de Septiembre, se nos adelantó Don Antonio Queli Gómez. Había llegado a la isla por el tiempo en que permanecieron los soldados norteamericanos en la Base Aeronaval de la isla Baltra, donde también trabajó. Era guayaquileño este hombre delgadito y trigueño.
Una hermana lo había invitado a venir a Santa Cruz y se había sentido muy contento de estar aquí. En las fincas trabajó como jornalero y a veces lo pagaban en especies, es decir con productos o gallinas. Era muy bueno para manejar el machete; limpiaba los solares de maravilla, hasta las piedras las retiraba pacientemente. El ganado era abundante, me decía. Desde la Playa podíamos contemplar las manadas de vacas silvestres en las laderas de los cerros de la isla. Era conocido por todos los colonos, por quienes era muy solicitado para prestar sus servicios. |
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